jueves, 10 de mayo de 2012


Rapidez y calidad en la escritura
Por Julián E. Giambelluca.

¿Quién dijo que la rapidez en realizar una empresa no puede conciliarse con la calidad de la misma? Si bien es cierto (¿es cierto?) que algunas actividades, o que en algunos casos algunas actividades, no logran aunar, de forma óptima, rapidez en la producción con calidad del producto, hay casos que demuestran lo contrario.
En el campo de la escritura, uno de los ejemplos más significativos al respecto es el caso de Dostoievski. Ana G. Dostoiévskoia, segunda esposa del gigantesco escritor ruso y quien vivió con él durante los últimos catorce años de su vida, cuenta, en Dostoievski, mi marido, que, acosado por las deudas y para no perder los derechos de sus textos, el gran novelista ruso tuvo que escribir El jugador en sólo tres semanas (!), haciendo un alto en la escritura de Crimen y castigo. Muchos de nosotros podríamos tardar años para escribir un texto que tuviera la mitad de la calidad literaria de esa novela.


Un caso aún más extremo es el de Kafka. La condena fue escrita en ¡una sola noche! (no quiero abusar de los signos de exclamación, pero me resulta inevitable en estos casos), sin interrupciones, de un solo tirón. Dice Kafka en su diario: “[…] la he escrito de un tirón, durante la noche del 22 al 23 [de septiembre de 1912], entre las diez de la noche y las seis de la mañana.”
Estos son ejemplos de que puede un texto ser escrito a gran velocidad y tener una calidad literaria envidiable para el común de los mortales escritores.
Es inconcebible una escritura aún más veloz que la de La condena. Sin embargo, existe uno ejemplo de ello... si bien es cierto que, según cuenta la leyenda, su autor fue ayudado en el proceso de escritura por el mismísimo Satanás. Es el caso del manuscrito medieval en pergamino conocido como “Codex Gigas”. Este códex está conformado por 624 páginas y pesa 75 kg. Su (co)autor es un monje benedictino condenado a ser emparedado vivo, quien, para ser absuelto, propuso al monasterio escribir, en una sola noche, una obra que contendría la Biblia y todo el conocimiento del mundo. El monje solicitó la ayuda del Diablo para realizar tamaña empresa, quien aceptó crear el libro con la condición de que su propia imagen apareciera en una de las páginas del códex.
En el otro extremo, el de la lentitud estéril, existen los escritores que pueden estar corrigiendo infinitamente un texto, como aquel personaje, Grand, de La peste, quien durante años ha estado corrigiendo una sola página, la única que ha escrito de su libro. Pero ese será el tema de una futura nota, que todavía estoy corrigiendo.